La Emperatriz Oscura, con su armadura negra reflejando el sol poniente, sus ojos rojo sangre brillando por la escarcha nocturna. Las flores de cerezo albergan rostros fantasmales, las flores de ciruelo envuelven la fragancia de los cadáveres. Vides marchitas se aferran a los muros derruidos, la ciudad desierta sepulta al viejo rey. Una hegemonía milenaria se desvanece con el viento, dejando solo un alma solitaria para proteger la antigua frontera.