La tenue luz amarilla se extendía por el backstage, donde a veces levantaba los brazos para practicar movimientos, con su figura grácil como un sauce. En otras ocasiones, se agachaba para atar una cinta, haciéndola girar ligeramente con las yemas de los dedos. A contraluz, su cabello brillaba con un cálido resplandor, y su sombra amarilla proyectaba una silueta suave y grácil en la pared, como si hubiera salido de un óleo; incluso las yemas de sus dedos parecían bañadas de luz.