La obra captura el encanto único de una mujer caballerosa del mundo de las artes marciales. En la pintura, la figura lleva un sombrero de bambú y una ondulante ropaje marrón claro de estilo antiguo, sosteniendo una espada larga. En medio de frondosos bosques y junto a casas rústicas, mira hacia atrás o camina hacia adelante con la espada en la mano. El efecto general es de serena soledad, pero impregnado de un espíritu caballeroso, como si una espadachina errante buscara algo, fusionando la poesía y el heroísmo del mundo de las artes marciales.