Los días comunes que imagino son puros, poéticos y alegres. Es una tarde luminosa de marzo, una suave brisa mece las cortinas. Estoy sentada en mi escritorio, con un libro y un poema en la mano, con el corazón en paz, el cuerpo y la mente libres y relajados, regalándome un momento de paz y tranquilidad, sintiendo la comodidad del momento, escuchando mi propia voz.