Esta serie de retratos se inspira en una estética china desenfadada. En un jardín de azulejos negros y paredes blancas, la elegante elegancia del cheongsam y la pureza de los lirios crean un ambiente oriental. Bajo un puente cubierto de niebla, el cheongsam, adornado con sutiles patrones de lirios, contrasta con los ramos que sostiene en sus manos, mientras una suave luz acaricia sus pendientes de perlas, creando una atmósfera desenfadada y poética.