La niña siempre había sido callada; su familia siempre decía que era propensa a soñar despierta, con la mirada perdida, perdida en sus pensamientos. Recientemente, con los numerosos festivales y obras de teatro que se representaban en la mansión, quedó fascinada por las hadas en el escenario, vestidas con túnicas de diosa de las flores y adornadas con adornos tintineantes. A la sombra de la tarde, descansaba en el jardín. En su estado de ensoñación, vio la figura con la túnica de diosa de las flores, que parecía querer llevársela.