Rocas gigantes la abrazaron como brazos, con cascadas cayendo a ambos lados. En el arroyo, antes del atardecer, se fundió con los pliegues naturales. A medida que subía el azul, luces amarillas iluminaban el agua, la corriente se arremolinaba alrededor de su falda, como si encerrara a un hada en el arroyo: ¡una belleza indescriptible!