Él estaba de pie junto a ella, con el pelo rizado y desordenado, suelto y despreocupado, un chaleco blanco con una chaqueta vaquera abierta y un collar de plata en el pecho que se mecía suavemente con sus movimientos. Sus dedos bailaban sobre la guitarra eléctrica, y sus yemas fluían como un torbellino impactante.