Una falda blanca inmaculada ondeaba sobre el pavimento de piedra azul, con su larga trenza cayendo como tinta. Estaba de pie en el jardín, sosteniendo un viejo abanico. La luz del sol se filtraba entre las sombras de los pinos, y las carpas doradas del pequeño lago agitaban sus colas, desvaneciendo los reflejos de las nubes sobre el agua. La elegancia del estilo chino moderno era una cualidad mágica oculta en sus ojos y cejas.