Una llovizna cae al azar sobre el estanque de lotos, y el humo vespertino se eleva desde las cortinas enrolladas del salón. La fragancia no se filtra en el agua; un estado de ánimo relajado me impulsa a zarpar. El viento susurra suavemente en la profunda orilla, y la tortuga siente el frío entre las hojas frondosas. En soledad, escucho la melodía persistente, cuyo sonido fluye hacia la balaustrada.